En el nombre del héroe
Capítulo III
Y así fue como la estancia se llenó de miradas perplejas. Incluso el propio Yomimé observaba sorprendido. Se cruzaban miradas, suplicantes de una causa, que, a su vez, se lanzaban unas a por las otras. Se vertían sospechas sin que nadie se diera por aludido. Nadie derramó una sola palabra. Nadie se atrevió a dar una respuesta que pudiera aclarar por qué Yomimé decía esas cosas.
Capítulo III
Este, por su parte, suponiendo de dónde provenían sus palabras, se dispuso a seguir hablando para evitar que esos brotes de lucidez dejaran de emanar.
—Haré brincar la perdiz… pero ¿por dónde empiezo? —se decía en voz alta, entre resignado y eufórico—. Me esforzaré en no acumular futuros, en no saber. ¡Imposible! Tampoco buscaré mis palabras en los porqués. ¡Absurdo! A partir de ahora, que el horizonte sea mi origen. ¡Mentira!
—Ver para creer —murmuró el cura sin poder contenerse, a resguardo en una esquina de la habitación.
