Ensayo · Luis M. Moya

Nacimiento y muerte del mundo

Un viaje de regreso con las palabras proscritas.

Sinopsis

[…] Al leer Nacimiento y muerte del mundo quizá no lleguemos a ninguna parte. Tal vez se trate de eso y este libro sea, efectivamente, un libro para perdedores. Lo que es seguro es que ninguna víctima va a encontrar aquí su refugio. Menos aún nuestro brillante porvenir.

Preparémonos para ser vistos. A lo largo de estas cien páginas, el autor nos quiere conscientes de nuestras escasas fuerzas, no para hacer o cambiar las cosas, sino como creadores. Leer Nacimiento y muerte del mundo no significa abandonarse a nuestra suerte de lectores, sino emprender un viaje extenuante hacia ninguna intuición, profunda y propia, para luego regresar con las palabras proscritas.

Las puertas han sido abiertas. La no salvación ha llegado a su fin. Nos espera una batalla imposible. Avancemos, pues, pertrechados con este libro, el cual sostenemos entre nuestras manos con el único propósito de protegernos de la mirada de aquel fantasma del cual ya fuimos advertidos.

[…] A lo largo de este libro, no vamos a enfrentarnos a monstruos literarios ni filosóficos, sino a cosas tan simples como, por ejemplo, la sensación de estar compartiendo y participando en la búsqueda de algo único y antiguo; esto es, un lugar desde donde sea posible decir, sin importar si ese lugar se encuentra aislado entre nuestra comprensión y nuestra necesidad de belleza.

  • Autor Luis M. Moya
  • Extensión 96 páginas
  • ISBN-13 979-8198141292
  • Edición Independiente · Tapa blanda

Capítulo 8

El consumismo que puede salvar al planeta y al dinero

La materia que te da forma, a tu carne también y a tus huesos, que compone las plantas, animales y montañas, toda esa materia es profundamente contaminante. Esa sensación tan orgánica y natural que tienes de las cosas no es una imaginación tuya, sino que se sustenta en la sangre de miles de asesinatos, crímenes y abusos que deben seguir sucediendo, porque la creación,

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El consumismo que puede salvar al planeta y al dinero

como así lo dicta el arte en su eterna lucha por destruirse, debe ser la única protagonista de esta historia. Solo nuestros hijos podrán detener esta locura, si los llegamos a reconocer.

Pero ese no es el problema. Como tampoco lo es nuestra forma de creer, de crear ni de cuestionarnos las cosas. Ninguna de esas formas corruptas es el problema, por más que dependamos de ellas, por más que sean las únicas capaces de corregirse, de darnos realidad o de salvarnos de nuestra cultura insostenible. Repito; ese no es el problema, porque el problema no es la verdad. Como tampoco tú eres el problema, ni lo soy yo.

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